Carnaval de la Alegria – Santa Fe
Desde mediados de los años noventa y hasta aproximadamente el 2014 se llevó a cabo el Carnaval de la Alegría en la UPZ 96 – Lourdes, como una iniciativa de las madres comunitarias y las casas vecinales de barrios como Las Cruces, El Dorado, Rocío, Los Laches, El Consuelo, Santa Rosa, Girardot, El Triunfo, Lourdes y hasta La Peña.
El proceso se inició como una forma de tomarse el espacio público para desestigmatizar el sector por medio de la alegría y las artes, donde “los recursos eran los que cada quien podía tener, eran mamás con una sabiduría muy amplia, que podían gestionarse los refrigerios, enseñar a coser, que podían movilizar muchas cosas entorno a este pretexto de la fiesta”.
Posteriormente se fueron sumando organizaciones culturales como Luz de Luna o Nuevo Sol quienes aportaron sus saberes artísticos y en torno a la pedagogía artística con niños y niñas del sector; luego se sumarían organizaciones de mujeres y defensoras de DDHH, así como cinco colegios del sector en un tiempo en que “el arte se convirtió en el vehículo para tejer ese trabajo comunitario”.
Todo era un proceso comunitario, donde la ritualidad carnavalera se vivía en el día a día, en ese trabajo constante, en el compartir de saberes y en el jugar todxs a ser artistas para la celebración. “Estaban de 8 a 5 en el jardín, y terminaban y corrían las mesas para volverlo un taller de vestuario o de máscara o para poder reparar la escenografía de alguna presentación, sus jornadas eran hasta muy tarde, 9 o 10 de la noche para al otro día volver a cuidar niñxs”.
El proceso de preparación implicaba la creación de vestuarios, la realización de procesos de formación con niños y niñas, así como de montaje de pequeñas coreografías, rondas o canciones, las cuales desfilaban por las calles empinadas del territorio, “como una iniciativa de los barrios para los barrios”. Aquel desfile culminaba en un punto central, en donde se realizaban las presentaciones artísticas de los niños y niñas.
El Carnaval creció tanto que llegó a contar con el apoyo institucional de la alcaldía local, lo cual sumado a la desarticulación de las casas vecinales, se tradujo en un desgaste administrativo y en un desborde logístico para el carnaval, pues se llegaron a contar hasta más de 1.000 personas en los desfiles, en los cuales no se contaba con planes de contingencia ni nada por el estilo.
En la actualidad es posible revivir el proceso, pero requiere de muchos esfuerzos comunitarios, de una organización o un liderazgo que pueda convocar, tocar puertas, animar para su realización, así como un apoyo y compromiso por parte de la institucionalidad para su realización sin cooptación.